Antes de forma independiente y en el MIT, ahora en el Instituto de Technologías Interactivas de Madeira, Chris Csikszentmihalyi lleva más de diez años diseñando robots para enviarlos a la guerra o utilizarlos como medio de protesta ante injusticias políticas. No entiende cómo es posible que se impulsen desarrollos militares y armamentísticos, pero que nadie busque la manera de frenar un conflicto bélico. A las grandes empresas no les interesa invertir en tecnología social.