En mi última visita a Berlín pude comprobar admirado como familias y grupos de amigos extendían sus mantelillos de cuadros sobre cualquier esquina de césped despejada de un parque público. Allí había grandes contenedores metálicos para dejar la porquería, proliferaban parrillas portátiles para torrar las brasburgs y neveritas cargadas de cerveza. Me pareció todo…tan mediterráneo.