Un alumno de la American School of Barcelona, una escuela privada de élite, pasó un día “aislado” e “incomunicado” en el centro. El menor, N. H., fue colocado “de pie y de cara a la pared” sin poder asistir a clase. A su lado se instaló “una pizarra móvil” que sirvió para comunicar a sus compañeros lo que el director había ordenado: que nadie debía dirigirle la palabra durante esa jornada.