Hace un tiempo que estoy indagando en nuevas maneras de innovar en la práctica etnográfica, no por la voluntad explícita de innovar, sino para ver como se pueden aprovechar una gran cantidad de datos (tanto cuantitativos como cualitativos) que surgen en el contexto de los procesos sociales mediados tecnológicamente: desde la implementación de artefactos tecnopolíticos o sociotecnológicos para la gestión de comunidades hasta el big data (tomando como datos los trazos que los usuarios dejan en diferentes plataformas). Como he mencionado en alguna ocasión, este interés tiene la finalidad explícita de diseñar un artefacto que permita “capturar” específicamente aquellos datos que se consideran de interés para nuestra investigación (en contraposición a la perspectiva de “aprovechar” los datos que se están pudiendo capturar hoy en día en función de las características de cada plataforma).

Después de introducir la propuesta de Etnografía Distribuída de Dave Snowden a través de su SenseMaker (que por cierto vi que el término etnografía distribuída no lo propone él, sino que es una calificación de terceros), estuve en un seminario dónde  Ana Garner del Creative Media School de Hong Kong, presentó su investigación: El selfie como micronarrativa visual. Una presentación muy relacionada con el proyecto de Mediaccions (UOC)  Selfiestories y personal data: metodologías híbridas para el análisis de las narrativas visuales en la cultura digital, que en definitiva, más allá del estudio de muestras concretas (i.e., investigaciones sobre selfies) plantea cómo estas nuevas micronarrativas emergentes (selfies) pueden utilizarse como nuevas herramientas para la práctica etnográfica (en términos de relevamiento o trabajo de campo). Por otro lado, hace poco encontré un paper de Human Computer Interaction (HCI) que propone utilizar “observaciones interactivas” así como métodos de análisis de datos computacionales colaborativos para hacer lo que denominan etnografías rápidas (Millen, 2000). Por lo que en definitiva, estoy encontrando diferentes aproximaciones a la pràctica etnográfica que surgen  desde campos como la gestión organizacional o el management, el sector audiovisual, o el campo de la Human Computer Interaction (HCI). Hasta el momento las referencias más consistentes, en términos antropológicos, sobre la innovación en la práctica etnográfica son las propuestas de Tricia Wang, que introduce la idea de Thick Data basándose en la Descripción Densa de Geertz, y Nora Bateson, quien con otros términos (Warm Data) y poniendo el foco en la transcontextualización hace un planteamiento parecido.

Como conclusión preliminar, creo que queda claro que hay que diferenciar entre lo que es explícitamente (1) la innovación en la recolección de datos,  el relevamiento o la práctica metodológica para desarrollar trabajo de campo, y (2) la innovación respecto a cómo se teoriza o  se analizan los datos. Por lo que pude ver hasta el momento, en el área de la antropología el gran reto viene  justamente  por el lado de desarrollar un marco teórico basado en esta nueva tipología de datos que muchos definen como micronarrativas emergentes.

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