Hay muchos momentos en este proceso de  aprender a investigar, donde después de estar horas leyendo artículos científicos llego a situaciones mentales cercanas al colapso. Mucha información «generativa» que me lleva a seguir tirando del hilo para poder alcanzar una comprensión profunda de los nuevos conceptos… En estas pausas -reflexivas- poder compartir dudas, intuiciones y  puntos de vista es extremadamente esclarecedor. Pero cuando el aprendizaje es online y en entornos donde la conversación es más bien escasa (UOC) la sensación de soledad hace que la motivación decaiga: ¿con quién comparto mis dudas?

Afortunadamente, más allá de los profes y consultores oficiales, hace tiempo que estoy tejiendo mi propia red de mentores, con amigos y profesores de otras universidades o especialistas en las áreas de mi campo de investigación.  En estas prácticas no-formales de aprendizaje, el mentoreo por WhatsApp (audio) es uno de los recursos que más me está ayudando a aprehender. Por fin tengo la posibilidad de usar estas pausas reflexivas para compartir dudas e intuiciones con mis mentores (extraoficiales). Son conversaciones cortitas, pero conversaciones al fin y al cabo, donde el valor de la inmediatez y la disponibilidad de dichos mentores hacen que obtenga feedbacks que me permiten seguir avanzando, ver si voy bien encaminado, advertir nuevos enfoques que no había percibido y recibir ánimos para que no decaiga la motivación. Por ahora todo un privilegio, ¿pero no debería ser esto lo normal?

Llegado a este punto, me parece que con la tecnología disponible hoy día ya no tiene sentido plantear sistemas de aprendizaje a distancia que no estén basados en la personalización. Porque si el (inter)aprendizaje es un fenómeno social, parece obvio que no puede existir sin los feedbacks necesarios…

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